Cine: arte e industria para nuestro pueblo

21/04/2017

El Peronismo 26 de Julio repudia la operación de desfinanciamiento que está realizando el Gobierno nacional hacia el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) y brinda su apoyo a todos los perjudicados por estas políticas: a empleados del INCAA, productores de cine, directores, actores, guionistas, equipos de filmación, de sonido, de logística; de pre y post-producción.

También son perjudicados el resto de los ciudadanos argentinos que tendrán limitadas las posibilidades de encontrarse, compartir sus angustias, sus dramas, sus alegrías, su risa con una perspectiva propia, “con ojos argentinos” como diría un compatriota; que tendrán cada día menos cine argentino.

El cine es arte e industria y perderemos las dos cosas porque el gobierno antipopular PRO/UCR ha decidido liberar de un impuesto mínimo a las multinacionales del sector audiovisual (cines y cadenas de cine, televisión, radios, cableoperadoras, etc.). 

El cine es industria: el sector audiovisual tiene más de 100 mil puestos de trabajo asociados. El Fondo de Fomento de Cine es autárquico, eso significa que se autosustenta y financia festivales, películas y actividades. Da trabajo a y financia el Cine argentino, definiendo los proyectos por medio de concursos, créditos o subsidios. Gracias a eso existe el Cine Argentino, que nos representa en los festivales de todo el mundo cosechando reiterados e importantes premios. Por eso, la desfinanciación del INCAA, de la ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica) y de las producciones audiovisuales nacionales tiene como consecuencia la pérdida de miles de puestos de trabajo. No es casualidad: cuantos más expulsados existan del sistema productivo mayor será la presión sobre los que conserven su trabajo para que pierdan su dignidad. Se trata de un programa amplio que el gobierno PRO/UCR definió para nuestro país: menos trabajo y más precarización laboral.

El cine es arte: la sumisión política, económica y cultural nos roba la belleza y el trabajo. Nuestras formas de contar historias y nuestros relatos populares perderán presencia en las pantallas (de cine, tv o cable). Perder nuestro cine es entregarnos como espectadores a la cultura de aquellos países que tienen más penetración económica (por ejemplo: Estados Unidos); es acostumbrarnos a los valores y rutinas de la vida diaria que no son propios; es permitir que los ojos de quienes nos tienen colonizados nos cuenten cómo somos y nos marquen nuestros deseos y aspiraciones como pueblo. 

Una campaña mediática intenta confundirnos en base de operaciones y mentiras que inicia difamando al hasta hace días Presidente del INCAA (funcionario del gobierno, pero elegido en consenso por diferentes actores de la Industria Audiovisual) y seguirá con la quita del impuesto a los cableoperadores, o sea transferir esos recursos a las multinacionales. Si eso sucede, habremos debilitado nuestra capacidad creadora, relegado nuestro lugar en el mercado cinematográfico, negando además un horizonte a los jóvenes mientras perdemos miles de empleos y de oficios largamente macerados entre la transmisión de la tradición y las nuevas prácticas de la industria.

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