El sistema carcelario de la Provincia de Buenos Aires

29/11/2018

 

La Plata, 29 de noviembre de 2018

 

las cárceles nacionales se poblaban de ciudadanos desviados,

los depósitos posmodernos de escoria insignificante”. I.Lewcowitcz

 

Características del sistema carcelario:

La primera hace referencia a sus pobladores, ellos son en su mayoría jóvenes, pobres, analfabetos o semi analfabetos y provenientes de los conurbanos empobrecidos de los núcleos urbanos.

 

La otra característica es referida a los aspectos estructurales: militarización de sus cuadros directivos, donde el maltrato y la corrupción son dos caras de una misma moneda, dirigida hacia los detenidos y hacia los subalternos que son reclutados de los mismos centros señalados en el párrafo anterior.

 

Las cárceles hoy: encierro o deposito? o ambas cosas?

 

La prisión adolece de una ausencia: la singularidad; los pobladores de las prisiones se llaman presos, no tienen otro estatus. Sobre ella hay opiniones mediáticas de todo tipo: vindicadores o defensores progresistas, se instalan en debates estériles sobre el tema de la cárcel, pocos se atreven a plantear el problema de la cárcel, solo se trata como un relato.

 

En nuestro país, la transformación operada en el sistema penal a partir de la última dictadura militar, trajo el endurecimiento de las penas, haciendo eje en la seguridad en desmedro del trato digno de las personas privadas de su libertad, y en lo que respecta a la relación entre sus miembros existe una suerte de fisiología, entre la subordinación, el maltrato y el silencio, operante entre las jerarquías más bajas, los detenidos y los familiares de los detenidos, que salvo excepciones no se atreven a denunciar ninguna de las irregularidades administrativas o delitos en otros casos que se producen en las cárceles bonaerenses por temor a las represalias. A pesar de los esfuerzos de los gobiernos democráticos esa característica militar nunca se abandonó, se estableció como una matriz  ahora irremplazable para el gobierno de Vidal.

 

La aplicación de los principios de corte neoliberal y las transformaciones en el mercado laboral generaron un escenario social y político reconfigurado, marcado por la exclusión social, la inestabilidad, la inseguridad y el miedo. Se rompió el principio de resocialización, afincado en la progresividad de la pena, donde la finalización de la misma generaba el  “ya pagué”, donde el ex recluso merecía una nueva oportunidad de inclusión social; ese paradigma ha sido sepultado y ahora solo hegemoniza la represión y la nada como destino, con suerte mendigar en alguna esquina o limpiar vidrios en ciudades donde todavía se les permite.

 

Las cárceles reflejan el sentimiento social de una sociedad enferma, estimulado desde ciertos medios de comunicación ligados al poder económico, desde el remanido “que se pudran en la cárcel”, que pretende excluir a los delincuentes a su suerte, con el total abandono de las políticas de reinserción social de los detenidos.

 

El sistema cuenta con más de 56 unidades carcelarias y con aproximadamente 40.000 detenidos, sin contar los de comisarías, estos  datos son inexactos, porque a esta dirigencia de Vidal a la que tanto le gustan las planillas de Excel y los datos estadísticos, a estos  los oculta o falsea descaradamente, como una nueva y ya casi total negación vital de esas personas que ven transcurrir sus vidas entre la sobrepoblación, la mugre, la falta de alimentación, de sanidad,  la autorregulación, todo es transable y esta cotizado, donde la cárcel es para muchos la ultima y mortal cara del Estado.

 

Las comisarías son otros sitios de detención, que están prohibidos como tal desde 2005 con el fallo Vertbisky, son la antesala del suplicio, o el pre horror antes de la cárcel, que nos mostro su espanto el 15 de noviembre, donde producto de un incendio en la comisaria tercera de Esteban Echeverria, murieron 9 pibes. El hecho no despertó la indignación generalizada, más vale se sintió un silencio oprobioso que da cuenta de la barbarie por la que estamos transitando.

 

CONCLUSION: por influjo de ciertos medios de comunicación, el delincuente ya no es visto como un ser desfavorecido sino como sujeto con libre albedrío para disponer su vida. Esa visión tiene eco en ciertos sectores en demanda de cambios en la política criminal, a través  de una retribución individual frente al delito, en detrimento de soluciones integrales de carácter social y educativo. Se pretenden soluciones individuales a problemas sistémicos

 

En los años cincuenta el Prof Pettinato que tuvo a cargo el sistema federal de prisiones decía: “alejemos la vista de los códigos y miremos la vida “, y  agregaba:” el código civil es para los ricos, el código penal es para los pobres”, claro eran tiempos de Perón que recomendaba tratar con dignidad a los presos.

                                                                                          Atte, Juan Miguel Scatolini.

HOMENAJE PERMANENTE
DESARROLLO TERRITORIAL