APURATE JOSÉ
Sobre las inundaciones en Corrientes
Por Marcelo González
El Responsable de la región noreste del Peronismo 26 de Julio, nos comenta sobre las últimas inundaciones sucedidas en la región. Recordamos que la última crecida del Paraná y el Uruguay pusieron en jaque a todas las provincias del Litoral. Esta situación generó la evacuación de cientos de familias y más de cincuenta mil pobladores aislados. Desde ese momento los compañeros trabajaron para poder establecer lo indispensable.
Que el agua crece cada tanto es un hecho irrefutable. A veces un poco más, a veces un poco menos. Y a veces como éste año, “bastante mucho más”. La gente del lugar lo sabe y así lo acepta.
La pregunta en todo caso es ¿qué es lo que encuentra la inundación cuando crece?
La inundación de 1983 fue una de las más importantes que se recuerda respecto del río Uruguay. Ahí sí que creció fiero el agua. Y ahí también, como en la de éste año, el río encontró pobreza, miseria, exclusión. Porque a decir verdad es eso lo que en definitiva conmueve: la gente evacuándose con sus pocas pertenencias a cuesta. O los ranchitos de madera con techos de paja o chapa cartón, hasta el tope de agua, eso sí conmueve. O la precariedad de las letrinas que se usan como baños. Ni qué hablar cuando las cámaras de TV muestran cómo desde una misma habitación empiezan a salir como conejos cinco, seis, siete, ocho niños descalzos aferrados a frazadas con parches porque el agua les alcanzó a mitad de la noche y urge evacuarse. ¡Cuánta pena! Y se largan las campañas por doquier, y esta bien que eso pase. Buscando lo que sea (que casi siempre es lo que sobra) para mandar como ayuda solidaria. Y está bien que eso pase.
Pero el agua sube hasta un tope, se queda medio día o un poquito más y empieza a bajar. Siempre es lo mismo. Y todo empieza a volver a la normalidad. El pobre vuelve a ser pobre y su casa todavía más destruida, vuelve a ser su casa. El paisaje cotidiano volverá a ser el mismo aunque con más barro, con más manchas, con más humedad, pero con igual, con exactamente la misma pobreza. Eso sí, posiblemente tengamos un colchón más, una frazada nueva o un par de zapatos usados para volverlos a usar (y está bien que eso pase).
Es que señores, sépanlo bien, la inundación nunca fue el problema. La pobreza sí. La exclusión también. Y es eso lo que encuentra siempre el río, hasta ahora, cuando crece. Por eso es necesario ir por más. Profundizar los logros de ésta última década. Tocar los intereses que haya que tocar de ser necesario. Poner definitivamente la economía pata para arriba a ver si empiezan a caer, definitivamente, todas las cosas hacia abajo. No es otro el verdadero desafío para que dentro de diez o veinte años, cuando las aguas vuelvan a subir, no saquee, como siempre pasa, a los que menos tienen, otra vez.












